José Luis Flores Pérez / Psicólogo.
José Luis Flores Pérez / Psicólogo.

De manera general, un empleo es entendido como la acción de trabajar a cambio de un salario. Por otro lado,  De Jong, Basso y Paira (2001) desarrollan una perspectiva mucho más profunda y le depositan un alto grado de importancia; dichos autores afirman que  el empleo juega un rol determinante en el desarrollo de una familia, ya que funge como un organizador de vida: contar con un empleo rentable genera la sensación de seguridad, facilita la construcción de la subjetividad, permite participar de manera dinámica en la cultura de los pueblos, facilita la socialización y afirma la personalidad potenciando la iniciativa y la creatividad. Por el contrario, carecer de un empleo causa competencia y deslealtad, peleas individuales, lucha por la sobrevivencia, pérdida de relaciones, desconfianza en el otro, incertidumbre por el presente y el futuro, complica la comunicación y se da un quiebre de las identidades colectivas.

Igualmente, González, Acosta, Ramírez y Figueroa (2007) sostienen que para que una familia  se desenvuelva en condiciones dignas y saludables, deben garantizarse la existencia de los siguientes elementos:

  • Ingresos monetarios regulares para atender de modo oportuno las necesidades básicas de todos los miembros de la familia: salud, alimentación y estudio;
  • Estabilidad laboral para los pilares económicos de la familia;
  • Protección y certidumbre que resultan de la posesión de recursos para enfrentar contingencias, como por ejemplo una enfermedad o un accidente;
  • Un rango tolerable de conflictos al interior de la familia;
  • Capacidad efectiva para ejercer sus derechos humanos, civiles y sociales en general.

Así pues, los aportes de los autores en comento permiten identificar que el empleo rentable, es un elemento imprescindible para el desarrollo digno y saludable de una familia  y por tanto, un Indicador de Bienestar Social y de Desarrollo Humano.

Por otra parte, con anterioridad se ha hecho referencia al impacto multidimensional que el coronavirus SARS-CoV-2 está generando en México y el mundo; la crisis sanitaria ha tenido un efecto altamente negativo en la economía, específicamente en el empleo. Si ya el modelo económico neoliberal había causado un deterioro cualitativo y cuantitativo en los trabajos, la aparición del COVID-19 ha tenido consecuencias devastadoras: en principio, se habla de la pérdida de millones de empleos y segundo, al considerar que básicamente  una pandemia causa afecciones emocionales como ansiedad y depresión en la población, puede advertirse una disminución en la capacidad de producción, una limitante para la puesta en marcha de las competencias profesionales a desplegar en el desempeño de funciones.

Cumplir con el compromiso laboral en la cuarentena, sea desde el espacio institucional o desde casa, ha implicado la modificación de la agenda de trabajo y la transformación de la rutina, los hábitos y las costumbres. Se ha enfrentado la presión de aprender o ampliar con velocidad las habilidades para desempeñar funciones vía plataformas digitales, integrar protocolos de seguridad y la readecuación de espacios institucionales y procesos productivos. En este sentido, el ejercicio de las funciones como profesional de la Psicología, ha permitido al autor del presente, recabar múltiples relatos de los malestares emocionales que causan las actividades laborales en estos momentos: alto nivel de estrés, ansiedad, incertidumbre, enojo, confusión, intolerancia y sensación de incapacidad. Asimismo, se experimentan dificultades para la concentración, disminución de la memoria y escasa creatividad, en suma, una disminución a la productividad e igualmente, un fuerte temor a perder el empleo.

De tal forma que, para evitar el impacto en el bienestar psicológico y la calidad de vida, así como la disminución en la capacidad de producción, se sugiere lo siguiente:

  1. Cuidar permanentemente de la salud mental: para ello, es fundamental hacer introspección, ejercitar el diálogo interno, monitorear las emociones que se viven y ser empático con ellas;
  2. Identificar los retos generales y particulares: valorar las habilidades o aptitudes con que se cuentan, para hacer frente a los requerimientos que imponen los desafíos;
  3. Diseñar una rutina: definir con organización, disciplina y el suficiente grado de flexibilidad, las actividades y tareas a realizar;
  4. Adecuar el espacio para laborar: contar con un lugar armónico y el equipo necesario para los trabajos, además, controlar (en la medida de lo posible), el número de distractores que pudieran presentarse;
  5. Gestionar relaciones sociales satisfactorias: contar con un otro, al cual acudir para verbalizar las emociones que causen el desempeño de funciones: un familiar, la pareja, un amigo cercano o un compañero confiable;
  6. Tomar receso: hacer una pausa breve  de acuerdo a su capacidad de concentración (cada 60 minutos aproximadamente), en la cual se realice algún ejercicio de respiración, estimular el humor a través de alguna actividad que produzca reír o bien, realizar alguna expresión artística:
  7. Evitar el sedentarismo: Márquez (2020) hace énfasis en que las medidas de atención del COVID-19 pueden favorecer la conducta sedentaria y disminuir la actividad física, que sumada una mala alimentación, pudieran causar enfermedades crónico-degenerativas como eventos cerebrovasculares, diabetes, hipertensión, entre otras. Por ello, el autor recomienda moverse más y sentarse menos.
  8. Cuidar la alimentación: se sabe que los alimentos demasiado dulces, con alto contenido de grasas saturadas y ricos en energía, además de engordar el cuerpo, pueden perjudicar el estado de ánimo y la capacidad cerebral.

Finalmente, se considera que el sector del empleo y el desarrollo digno y  saludable de las familias mexicanas y del mundo, se han visto  seriamente afectados con la aparición  de la Pandemia del COVID-19;  y la atención de estas afecciones requieren necesariamente, considerar la salud mental, para obtener resultados favorables.

Correo: pzicoanalizta@hotmail.com

BIBLIOGRAFÍA

De Jong, E.; Basso R.; Paira, M. (2001). La familia  en los albores del nuevo milenio, 1ª Ed. Buenos Aires: Espacio.

González, G., Acosta, I., González, J., Ramírez, J., Figuerora, V. (2007). Reproducción precaria familiar. 1ª Ed. México: UAZ.

Márquez, J. (2020). Inactividad física, ejercicio y pandemia COVID-19. Revista de Educación Física, Universidad de Antioquia. Recuperado en Junio del 2020. Disponible en: https://revistas.udea.edu.co/index.php/viref/article/view/342196


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