Felipe Andrade Haro
Felipe Andrade Haro

Crónica de la Nueva España

 

Ésta es una de tantas historias, de diversos personajes que vivieron en alguna provincia, de algún rancho, bajo la bendición de los españoles y el Santo Oficio. Pinches gachos.

En el Convento del Señor de los Rayos y las Centellas, Fray Gorgonio cuida con esmero el césped del jardín.

─Fray Escolapio: Hola, hermano Gorgonio. ¡Qué hermoso es levantarse y ver ese jardín tan hermoso que el señor nos dio!

─Fray Gorgonio: ¿Nos dio? Digo, el mundo lo creo el señor, pero ese jardín es obra de mi trabajo.

─Fray Escolapio: No sea usted comunista hermano, bájele dos rayitas a su ego. El jardín y todo lo que hay aquí es obra del Señor y punto.

─Fray Gorgonio: Pues no he visto al señor venir a poner el abono en los rosales ni cortar un milímetro del pasto Fray Escolapio. A lo mejor ya necesito unos anteojos.

─Fray Escolapio: ¿Quieres pasarte otros quince días encerrado en la celda a pan y agua?

─Fray Gorgonio: Es posible, si vas de méndigo chismoso. Pero te aseguro que saliendo te voy a buscar y se te va a aparecer San Mohamed Alí. Y milagrosamente te aparecerán en la cara unos putazos sabrosos.

─Fray Escolapio: Y es la última vez que te pido que cortes esa hierba psicotrópica que esta oculta hasta el fondo del Convento.

─Fray Gorgonio: Llámale por su nombre que bien que le entras. Se llama Cannabis Sativa y es la que te chutas cuando quieres hablar con los arcángeles. Pinche mariguano.

─Fray Escolapio: Pues ve preparando tu estancia en el calabozo, que voy ahorita con el hermano superior a acusarte de ser miembro de peligroso cártel que azota ésta tranquila aldea.

Fray Gorgonio y Fray Escolapio se dicen de palabrotas y se agarran a golpes, cuando llegan otros hermanos a separarlos y llevarlos a sus celdas.

─Fray Nicanor: Ya volvieron a fumar esa chingadera. Y tan buena que es para mis reumas. En fin, que la cuiden dos hermanos con machete y al que se acerque lo madrean.

En otro lado de la Aldea, Don Marcelino Iturriaga de Gonzalo levanta su copa para brindar.

─Don Marcelino Iturriaga de Gonzalo: Pues sea como sea, mi nombre estará en la boleta, porque así me lo ha dicho mi amigo el Corregidor. Tengo buenas relaciones con el Rey en la madre patria y todo parece indicar que soy el efectivo.

─Don Atilano Enríquez y Soto: Pues en los círculos políticos se habla mucho de Don Ruperto de Barbosa y Rico, quien es el que más ha aportado a la corona. Recuerda que acaba de pagar por la reconstrucción de la catedral y otras iglesias en la Aldea. La verdad está muy bien parado con la iglesia y con la clase fifí. Hueso duro de roer.

─Don Marcelino Iturriaga de Gonzalo: Juar, juar, juar, ese méndigo no me hace sombra. Además, me dijeron que lo andan investigando por enriquecimiento ilícito. Nadie sabe bien a bien de dónde sacó tanta lana, cuando hace menos de un año solo era un méndigo despachador en los ultramarinos “Los Hijos de la Malinche”.

─Don Justino de la Borbolla Salerón: Pues dice mi mujer que se casó con una mala madame dedicada a las artes oscuras y que vendió su alma al chamuco y ¡pum! Se hico rico de un día para otro.

─Don Marcelino Iturriaga de Gonzalo: Pues a sacar sus trapitos al sol. Voy en chinga a soltar unos doblones a mis amigos de “La Reforma Conservadora” para que le comiencen a echar tierra. ¡Ah la libertad de prensa tan bondadosa!¿Alguno de ustedes me puede ayudar llevando el chisme al santo Oficio? Digo, no me daré por mal servido.

─Don Justino de la Borbolla Salerón: Yo mero me echo ese trompo a la uña. Me gustaría mucho estar de jefe en la aduana.

Don Justino de la Borbolla Salerón sale en chinga rumbo a la sede del Santo Oficio. Ahí se encuentra con el susodicho Don Ruperto de Barbosa y Rico, quien lo barre con la mirada.

─Don Ruperto de Barbosa y Rico: Don Justino que gusto saludarlo. Por cierto allá andan preguntando por usted. Pásele a lo barrido.

Rápidamente Don Justino es aprehendido por el Santo Oficio y pasado en chinga a la sala de espera donde, después de dos horas de madrazos y tehuacanazos, da nombres y direcciones de los hijos del averno que andan en malos pasos.

─Don Justino de la Borbolla Salerón: Juro que me enechizaron porque yo soy firme creyente. Ahorita estoy saliendo del trance, pero juro por mi dios que el culpable de todo es Don Marcelino Iturriaga de Gonzalo. Ese tipo es un diablo.

─Inquisidor General: Pues será un diablo, pero eso de andar metiéndose en las patas de los caballos nomás no se hace. ¡En esta no le toca y debe de entenderlo! Por baboso le vamos a acusar de herejía. Le vamos a poner su Sambenito con el lema: “Por andar de gandalla”.

─Don Justino de la Borbolla Salerón: Pues por mí pónganle una madriza, pero ya déjenme ir a la casa que mi mujer debe andar preocupada. Total, díganle a uno muy clarito quien va a ser el preciso y nos quitamos de estas penosas situaciones. ¿No tiene por ahí alguna crema para los golpes? Mi vieja va a pensar que este madrazo en el cuello es chupetón. Me van a dar otros madrazos. Chale.


Los comentarios están cerrados.