Ricardo Monreal Ávila
Ricardo Monreal Ávila

Con motivo de la próxima Cumbre de las Américas y la no invitación a la misma a Cuba, Venezuela y Nicaragua, por “tener gobiernos autoritarios, represores y violadores de los derechos humanos”, ha adquirido actualidad el tema del bloqueo comercial a la nación caribeña, sobre el que se ha pronunciado en contra el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, y demandado que no se excluya a nación alguna de ese foro.

Quienes mantienen y apoyan el embargo o bloqueo comercial contra Cuba, el cual cumplió 64 años el pasado 14 de marzo, no han caído en cuenta de que esa medida ha sido contraproducente, porque fomenta lo que pretendidamente busca cambiar o transformar.

Dada la legitimidad popular del régimen cubano, el embargo comercial —por su naturaleza intervencionista, injerencista y agresiva— se convirtió en el principal referente de la narrativa nacionalista, soberana y libertaria del Gobierno surgido de la Revolución cubana.

Lejos de derrocar al nuevo régimen político, encabezado por Fidel Castro, el bloqueo comercial obligó a los nuevos gobernantes a desarrollar una economía sui géneris, de adaptación a un aislamiento prolongado.

Por su condición de isla, desde la época de su independencia, en el siglo XIX, la población cubana desarrolló un mercado interno fuerte, basado en la agricultura, ganadería, pesca y demás actividades del sector primario.

Antes de la Revolución, sus vínculos con la globalización económica consistían básicamente en la industria azucarera y el turismo de playa y lúdico (casinos), cuyos ingresos eran importantes, pero no determinantes para la economía cubana, la cual estaba orientada al autoabastecimiento primario.

De esta forma, la baja inserción de la isla en la economía global (especialmente norteamericana) fue su principal defensa cuando se decretó el embargo. El bloqueo comercial impidió el crecimiento económico futuro de Cuba, pero no la ahogó ni mucho menos derribó al nuevo Gobierno; al contrario, le proporcionó una bandera de legitimidad política que todavía le es funcional al régimen posrevolucionario.

Por ello, quienes aún defienden el bloqueo comercial al país del Caribe, como una forma de castigar y debilitar al Gobierno de éste, deberían revisar a fondo su estrategia. Desde tiempos remotos, el comercio entre los pueblos es uno de los motores del cambio social y político. La democracia griega floreció bajo la actividad comercial de los navegantes fenicios, que pusieron en contacto a las islas del Mediterráneo. Es casi una ley de hierro que después del intercambio de bienes y servicios lleguen los intercambios financiero, tecnológico, educativo, cultural y civilizatorio entre los pueblos.

Por ejemplo, en el caso de México, los tratados de libre comercio fueron el conducto para que se implantaran y debatieran en nuestro país temas como la alternancia partidista y los derechos humanos, sustanciales a la democracia. Los primeros acuerdos con la Unión Europea incluían una “cláusula democrática”, que planteaba la defensa, promoción y supervisión periódica de la situación de los derechos humanos en nuestro país. Recientemente, para aprobar el T-MEC, se incluyó el tema de la democracia sindical.

En conclusión, quienes quieran una Cuba más libre y democrática, que empiecen por derogar el bloqueo económico.

Twitter y Facebook: @RicardoMonrealA

 


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